A razón de la fuerte represión de la Policía en las puertas del estadio del Lobo, César Regueiro, de 56 años, falleció de un paro cardíaco. Muchos heridos.
Todo comenzó como una fiesta del fútbol: Boca Juniors tenía la posibilidad de subirse a la cima del campeonato local, mientras que Gimnasia estaba ante su última chance de pelear el torneo y necesitaba un triunfo. Así inició, pero solamente duró poco más de 9 minutos, cuando la tragedia se hizo presente en El Bosque.
Se paró el partido ante pocas certezas de lo que estaba sucediendo. Los jugadores, cuerpo técnico y terna arbitral se cubrían del gas lacrimógeno que ingresaba desde el exterior. La gente, la más perjudicada. Desde las tribunas no había salida, los portones estaban cerrados y la única posibilidad fue romper los alambrados para saltar hacia el campo de juego.
Sin confirmación oficial, de un lado y del otro apuntan hacia sobreventa de entradas o la represión policial excesiva. En definitiva, con la capacidad ya colmada, hinchas y socios con entradas se quedaron afuera y querían ingresar, pero las puertas estaban trabadas y los efectivos reprimieron.
Muchos heridos entre las consecuencias del gas y las balas de goma. Y un muerto, César Regueiro, de 56 años, debido a un paro cardíaco mientras era trasladado en una ambulancia al hospital San Martín. Sergio Berni confirmó que “se produjo por una muerte súbita. Tenía antecedentes cardíacos”.
Estefanía Regueiro, su hija, lo desmintió: “Mi papá nunca sufrió del corazón como dicen los noticieros, mi papá se murió porque en la cancha no lo asistieron, él estaba vivo y lo dejaron morirse ahí. Lo mató la Policía. Estando descompuesto en el piso, no podía respirar y le tiraron gas lacrimógeno”.

